SANTUARIO DE COVADONGA
No sabía muy bien donde pasar la noche, ya no era verano, y aunque iba preparado para pernoctar en cualquier sitio, buen saco, provisiones y cámara a punto; el tiempo se antojaba desapacible. Mi intención era amanecer en algún lugar que me permitiera estar cerca de alguna ruta o espacio pintoresco bajo el ambiente otoñal, descartando por el camino algunos lugares como el desfiladero del Cares, y pronto envuelto por la noche, decidí acercarme a Covadonga con la esperanza de que en este tiempo no encontrase mucho turismo, así fue, pude aparcar la furgoneta a los pies de la Basílica y disfrutar de los juegos de unos chavales que están acogidos por los religiosos, y de su temprana marcha al colegio a la mañana siguiente.
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